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Adiós a PC City, la empresa que nunca confió en sus trabajadores

Lo de PC City ha sido en el último mes la crónica de una muerte anunciada. Desde el momento en que Dixons Retail, propietario británico de la cadena de tiendas en España, anunció que “se estaba planteando” abandonar el país tras la caída de las ventas pocos fueron los que creyeron en la salvación de los establecimientos y muchos los que vimos una medida para “ganar tiempo” ante una decisión meditada y ya muy tomada.

Los grandes descuentos, crecientes semana tras semana, hicieron vislumbrar la liquidación del stock. Estanterías vacías, lineales que no se reponen, existencias que se agotan -las de los productos marca Apple, las primeras- hicieron ver que PC City se iba a pique, que se hundía como un barco con 1.300 empleados a bordo, y que Dixons Retail no sólo no enviaba buques salvavidas, sino que había recogido las velas y se retiraba a otros territorios.

En el hundimiento de PC City han confluido muchos factores, pero sobre todo han sido fallos en la gestión de la cadena en España lo que han llevado a este desenlace. Por mucho que se haya intentado difundir por el mundo aquello de “Spain is different”, en Dixons Retail no se quedaron nunca con la idea e intentaron aplicar al mercado español un modelo de negocio que puede ser válido en Reino Unido, pero que en España no ha triunfado.

Sin entrar ya en la política de precios -algo de sobra comentado en foros y páginas de Internet por los usuarios, para los que las comparaciones con otras cadenas de tiendas no son odiosas-, al consumidor español no le llegó una filosofía empresarial basada en estructuras británicas, técnicas de venta poco apropiadas, utilización del inglés para definir cualquier puesto en la compañía, y en la que no se supo conseguir que ni siquiera el trabajador ‘comulgase’ con la empresa y se identificase con ella.

Difícil cuando según testimonio de algunos trabajadores, la compañía desconfiaba de que ellos mismos pudieran sustraer productos de las tiendas y les obligaba cada día a demostrar que no habían cogido nada de los expositores. Así lo han señalado algunos empleados en varios blogs. También es cierto que ya anunciado el cierre, la propia firma anunció bonus para los  encargados de tienda e intentar así “evitar el pillaje”, algo que reconocía que “no era una novedad“. Con este tipo de medidas, el testimonio de los trabajadores que aseguran que cada día tenían que pasar a una sala donde se les pasaba un paleo-detector de metales por el cuerpo parece aún más creíble.

Y por si se hubieran cometido pocos errores, mientras se gestaba el cierre la cúpula directiva ha subido sus sueldos un 70% y abrió una tienda en A Coruña tres horas después de anunciar la retirada de España. No se pueden cometer más despropósitos. Bueno sí, el dejar a 1.300 trabajadores a la espera “de la mejor solución posible” según la compañía, que todavía habla de poder recolocar… en lugar de llamar a las cosas por su nombre. Porque sabemos que es lo que ocurrirá en la mayor parte de los casos.

Publicado el 25 de Abril de 2011 por Manuel Moreno

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